En busca del cielo del amor
Cuentan que Dios hace mucho pero muchos años descendió dos de sus mejores ángeles a la Tierra. Para ello se vio en la obligación de borrarle todos los recuerdos del cielo y quitándole sus alas los transformó en hombres.
Uno fue llamado Hombre pequeño, su corazón era tan fuerte que nada de este mundo podía traspasarlo y, el otro, fue nombrado Hombre Alto, que aunque rudo no mostraba la misma fortaleza interior. Debieron crecer y desarrollarse como humanos y, aunque estaban distantes los encontró el magnético destino. Los dos soñaban con llegar a las puertas del cielo. Se encontraron el día menos pensado, en el tiempo que Dios había dispuesto para su gracia. No tardaron en ser muy buenos amigos.
Cierto día que caminaban platicando del cielo de Dios, sobre las arenas de una playa vieron que el mar dejaba una botella anclada a la orilla, en su interior se traslucía un rollo de papel. Prontamente sacaron el corcho que tapaba la botella transparente y extendieron su contenido. El título decía: “Este mapa los lleva a las puertas del cielo”.
Debían dirigirse a lo alto del cerro. El mapa decía que Dios gusta de las alturas porque desde allí puede besar a toda su creación. Entonces emprendieron su camino al Cerro del amor. Sucedieron días y días antes de llegar a aquel lugar. Para llegar a la cima debían cruzar por un camino de espinas, tan filosas que cualquier zapato podía ser traspasado. En lo alto de la cumbre, se veía sostenido de las nubes más altas, caer el arcoíris como un tobogán celestial.
Llegados a ese punto, Hombre Alto dijo- es imposible llegar hasta allí. Moriríamos entre las espinas.
- No he venido caminando por la vida, para quedarme sin el cielo, haremos posible lo imposible- Dijo Hombre pequeño.
Luego subieron al pico del cerro que enfrentaba al del amor y viendo un pájaro que aleteaba de un extremo al otro prendieron la lamparita de su intelecto. Imitando al ave crearon con la carpa con la cual acampaban de camino, cierta especie de parapente, lo suficientemente grande como para los dos y, esperando el viento amistoso, se lanzaron. Así cruzaron las espinas. Miles y miles de hombres murieron desangrados allí antes que ellos. Cuando llegaron a donde caía el espléndido arco, vieron la majestuosa puerta de oro fino cerrada en cuyo letrero se leía “Aquí es el cielo del amor”. Era lo suficientemente grande para que los dos entraran pero por más que golpearon no se les abrió. Había una rendija en la parte superior por la cual solo el Hombre pequeño podría entrar. Entonces Hombre alto alzó al pequeño y le dijo:
- al menos tú, si entrarás al cielo, espero algún día poder acompañarte.
Hombre pequeño se escurrió entre la cavidad y cayó del otro lado.
Cuando Hombre alto se disponía a regresar, ya pensando que nunca más sucedería, la puerta se abrió desde el otro lado, y, entre la luz maravillosa estaba Hombre pequeño a los brazos de Dios sonriendo con las alas puestas, esperando a que su hermano lo acompañara a la luz del amor.
Autor: Iluminado